21.9.07

Y se deshizo el silencio

Bajo el mar, al entrar con gafas y tubo sólo se oye tu propia respiración. Todo lo demás está amortiguado. Dado que en el agua la velocidad del sonido es mayor, todo sonido viene de todas partes y forma una amalgama de sonidos silenciosos, un ruido blanco. Incluso yendo con botellas, tras descomprimir los oidos y volver a oir el mar en todo su esplendor el sonido es un sonido de fondo tan sonoro como inaudible. Como el tic tac de un reloj en una habitación tranquila y vacía donde sólo se oye dicho tic tac y el pasar de las páginas de tu libro o un aire acondicionado lejano por una ventana por la noche que se tapa en cuanto oyes el ruido de tu movimiento en las sábanas.

Ese silencio es relajante, tranquilizador para ti y los demás buzos. El mundo exterior no te oye ni le importas ni tu le oyes ni te importa.

Pero hay un medio para acabar con este aislamiento del mundo exterior. Un medio para convertir el buceo relajante en una aventura excitante y que llene tu sangre y la de los que te rodean de adrenalina: El Tubato

Este aparato, de mi invención, consiste en un tubo normal, un snorkel que lo llaman, con un silbato incorporado. Así, cada vez que respires sonará un molesto pitido agudísimo cuya única función será la de joder. 30 pitidos por minuto. Un aparato más para incorporarse a la colección del auténtico hijoputa.

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