
El Capitán Medusa se dedicó, gran parte del verano, a hacer un monolito, un lugar desde el que ponerse de pie en aguas profundas y descansar. Su monolito consistía de varias piedras grandes y un montón de piedras pequeñas, que, haciendo una torre, permitían, si se tenía cuidado, sacar la cabeza mientras se pisaba algo con el pie.
El mar no lo tiraba. Ni siquiera la torre, que medía unos 40 cm´s de altura y estaba formada apilando piedras, una sobre otra, no mayores de un palmo, todas irregulares. Pero alguien se dedicaba a tirar los ladrillos una y otra vez. No era el mar, eso seguro, por que cuando el Capitán se bajaba pronto por la mañana, las piedras seguían ahí.
Cuando al fin consiguió la cámara para hacer una imagen, que no le fué nada fácil conseguir, se encontró con los ladrillos, la estructura principal de la torre, rotos. Maldita hija de perra. Es peor que satanasa.
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