Ayer
saqué dos medusas y todo el mundo me admiró por como pude
encontrarlas y sacarlas y por conocerlas. No todo el mundo conoce a
todas las medusas ni sabe que medusas pican y que medusas no.
Confieso que no estaba seguro de que la de ayer picase. Otras veces
experimento en mi mismo, pero la de ayer era demasiado gorda. Mucho
más gorda de lo normal y me dió bastante respeto: Podría
provocarme fiebre, así que pasé.
Después
estuve buceando por la Isla del Submarino. Estuve en el fondo durante
un minuto, aguantando la respiración, en silencio total, viendo lo
que intentan imitar los acuarios: PAZ. Paz total. Mil tonos de azul y
miles de peces de distintos tamaños – de tamaño de mosquitos a
tamaño de gallinas -. Y yo estaba allí y todos los peces eran – o
parecían – indiferentes a mi. Formaban un toro a mi alrededor,
daban vueltas sin mirarme, subían y bajaban como harían si yo no
estuviera allí. ¿Saben eso de ser uno con la naturaleza?Eso sólo
puedes hacerlo en el mar, donde no dejas ni siquiera la huella de tus
pasos, donde ni siquiera respiras y sólo oyes lo que te rodea, que
es algo inaudible.
Al final supe que la medusa era una Aurelia aurita. Debía haberla reconocido, pero la olvidé.

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